El Príncipe de la Aviación

IWC Schaffhausen

Recordado en el mundo entero por ser el creador del libro El Principito, Antoine de Saint Exupéry era, además de un talentoso escritor, un eximio aviador. Nacido en Lyon y con una formación de piloto, técnico, y titular de patentes aeronáuticas, Saint Exupéry no concebía a la escritura sin el vuelo, ni al vuelo sin escritura. Amante del arte y la arquitectura, su excelencia estaba presente en todos los detalles; por eso cuidaba que la cabina tuviera lugar para realizar las maniobras, porque si estaban mal hechas podían ocasionar la muerte. Dentro del mundo de la escritura poseía una magia que le permitía a su fantasía volar sobre el papel. La fusión de la escritura y el vuelo fue muy novedosa dentro de la literatura de aquella época y Saint Exupéry la llevó a la cima con maestría. El Principito -que se ha convertido en uno de los libros más leídos del mundo- es un claro ejemplo de eso. Hay quienes sostienen que el origen del libro se encuentra en una experiencia vivida por el piloto en 1935 cuando debió realizar un aterrizaje de emergencia en el Sahara y pasar cuatro días en estado de deshidratación, con alucinaciones. La vivencia de los días vividos allí junto con André Prevot hasta el rescate del beduino, habría provisto de gran material al escritor.

Este gran personaje de la aviación y la literatura ha servido de fuente de inspiración para IWC, que desde 2013 lleva adelante las ediciones Le Petit Prince a modo de homenaje. Una pieza única -realizada en platino- del Gran Reloj de Aviador Calendario Perpetuo Edición Le Petit Prince fue subastada en Ginebra por Sotherby’s y la suma de ciento setenta y tres mil francos suizos se destinó a la Fundación Antoine de Saint Exupéry. De ahí en más, las ediciones limitadas surgieron año tras año. En esta oportunidad, el Gran Reloj de Aviador Calendario Anual Edición Le Petit Prince lleva al personaje en el dorso de la pieza. En su maravilloso diseño se combinan ambos mundos: el vuelo y la escritura; la técnica y la poesía. De una elegancia sin igual, la edición es de doscientos cincuenta ejemplares realizados con una caja de oro rojo. A simple vista se puede apreciar la belleza de la combinación cromática: el azul noche de la esfera resplandeciente; el oro rojo de la caja, las agujas y los apliques; y la correa marrón de piel de ternero de Santoni. A la altura de las 12 horas, la pieza exhibe tres ventanas dispuestas en semicírculo que indican el mes, la fecha y el día de la semana. Esta es la primera vez que un Reloj de Aviador presenta esta complicación. Su mecanismo de avance sólo debe ser corregido de forma manual una vez al año en el mes de febrero. El calibre 52850 de la manufactura IWC mueve los tres discos de indicación del calendario anual mediante la potencia de dos barriletes. Además posee siete días de reserva de marcha.

Entre los demás detalles de exquisito diseño se suma el contorno de oro blanco y rojo de agujas, cifras y aplicaciones; el bisel pulido en la caja satinada; y las costuras decorativas en tono beige de la correa. Para que el reloj garantice una excelente visibilidad aún en la oscuridad, las indicaciones están revestidas en Súper LumiNova de color blanco.

Sin embargo, la imágen más hermosa que lleva la pieza es la que puede verse a través del gran fondo con cristal de zafiro: el principito de pie sobre su diminuto asteroide, que es la masa oscilante del reloj. Desde allí el personaje contempla al cielo con ojos de asombro. La masa, convertida en asteroide cubierto de flores, gira de forma excéntrica alrededor de un eje. La idea de este giro del personaje sobre su asteroide es la de simbolizar la odisea del principito a lo largo del Universo, hasta que finalmente retorna a su planeta y su amada rosa. Lograr el rotor fue una complicada tarea de diseño, pero el dibujo de la pluma de Saint Exupéry sirvió como modelo para fabricarlo en oro macizo.

La casa relojera tiene un especial interés por asumir responsabilidades económicas, sociales y ecológicas, es por eso que en 2005 nació la relación entre IWC Schaffhausen y la Fundación Antoine de Saint Exupéry. Asimismo la Fundación colabora con la ONG Sipar que se encarga de abastecer con libros las bibliotecas escolares y los bibliobuses en Camboya. Gracias al compromiso de Schaffhausen, se inauguraron en esa ciudad dos edificios escolares para mil doscientos chicos que poseen una gran biblioteca integrada. Además, el año pasado, en el hospital infantil de Curitiba en Brasil, inauguraron nuevas salas de estar y una moderna biblioteca.

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